meta vino y porkeria

volvés (y no quiero)

y volvés porque sabés que estoy
que estuve y que
probablemente siga estando.

Volvés y no sé si recibirte con los brazos abiertos
porque te extrañé
o darme media vuelta e irme porque ya no me hacés bien.

Volvés y creo que casi el único fin de tu vuelta
es confundirme
porque volvés, me querés, me agarrás un ratito y después...
después te vas, ya no me querés tanto, no me agarrás y tampoco me soltás
y yo no sé que hacer.

Volvés y hacés que me sienta una terminal
porque te quedás a esperar a que venga algo (o alguien) mejor
soy tu lugar para estar, pero no tu lugar para que te quieras quedar.

Volvés y yo ya no sé si quiero que vuelvas
porque lo que sentí por vos se fue
me atan los recuerdos y la (tonta) esperanza de que, a lo mejor, algún día vamos a volver a estar bien.

Ya no quiero que vuelvas
pero los recuerdos no se van
y mi cabeza es un lío.
No sé si te quiero,
no sé si te extraño.
Creo que si sigo acá
es porque lo prometí
y porque la costumbre es más fuerte que cualquier otra cosa.

Ya no quiero que vuelvas,
ya no quiero ser una terminal.
Quiero ser casa,
quiero ser hogar
quiero ser ese lugar al que vas para descansar
ese lugar al que vas cuando te sentís mal
cuando te sentís bien
y cuando no sentís.

No quiero que vuelvas.
Ahí tenés la puerta.
Por favor
andate
y no vuelvas
más.

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